Ahora que vemos al equipo ya inmerso en lo que son los vaivenes propios -en lo que queda- de la segunda vuelta, es tiempo para efectuar algunos comentarios respectos de lo que puede ser un porvenir promisorio o una transición hacia una identidad más propia que no dependa tanto de cambios espectaculares en el receso.

Y es el caso de que en estos momentos se visita un gélido sótano que quizás algunos no esperaban, dejando dudas bastante marcadas el fildeo, por ejemplo. Los Astros con el guante habían tenido un sustento, una respuesta en esos momentos en los que precisamente ese tercer factor -que va después de su majestad el pitcheo y el consabido bateo- había sido precisamente ese fiel de la balanza en momentos definitorios. No, este año no ha sido así.

Posición por posición, los de la estrella estilizada tienen alguna limitante, pasando casos como el de Carlos Lee en el izquierdo, quien está ahí por su inigualable bate, seamos realistas. Siendo que se cuenta con un elenco más bien veterano en varias de las posiciones, ya no es un factor en el que se pueda implementar algo. Más bien se requiere mucho trabajo metódico, de fundamentos del beisbol, para poder evitar que algunos juegos que están en la raya, se vayan por el vórtice a través de una pifia antes inesperada. Incluidos los errores de distracción, que también han existido, todo eso debe erradicarlo el manager Cecil Cooper y su staff.

Considerando ya la altura a la que se encuentra esta temporada, los trabajos deben mostrar sí la celeridad que se requiere, pero la consistencia que se refleje en el juego a juego que están escenificando. Resulta hasta banal decir que una racha explosiva bien puede ponerlos en la pelea, pero la cuestión también es la gran diferencia que muestra el equipo en la gira, claro, también la historia de Dr. Jeckyl y Mr. Hyde de barrer como local a los completísimos Cachorros de Chicago para que, en el paso posterior pasen a sacarles la escoba los Piratas de Pittsburg en el mismo inmueble. Esos son bandazos que desestabilizan cualquier nave, parece notorio que ese desgaste no es cosa casual, probablemente no pesando tanto, pero sí influyendo en la posición del standing que ya mencionamos.

Es cierto la fe que tenga la afición en el equipo mucho se fundamenta en el liderazgo de un Lance Berkman que está compilando los números de su vida. El “Puma” va para Jugador Más Valioso, sí, pero el respaldo que necesita una roca fuerte de uno de los “Killer B’s” que queda, es lo que nos debe dejar más material para el análisis, es decir: “sí, ok, Berkman está de lujo, y ¿quién más lo acompaña en ese spree”? Carlos Lee a la ofensiva es parte del despliegue, pero el line up, por dar un ángulo, sigue careciendo de un primer bate de esos que incomoden hasta al ampayer. Lo siento agente Bourn, su trabajo no es óptimo.

Por otro lado, un punto al que comúnmente nos referimos es a la rotación abridora. Puede sonar injusto adscribirnos a su rendimiento simplemente con los números, pero vamos, el beisbol así es como se toma, con la frialdad de los números es con lo que incluso los estrellas negocian sus contratos, ¿a poco no?.

Con un Brandon Backe de plano sumido en las dificultades, han tenido que salir nombres como el de Wandy Rodríguez y Brian Moehler (14 inicios cada uno) han tenido que salir a dar la cara, cuando los reflectores a comienzo de temporada quizás no se cernían sobre ellos. Por ahí Chris Sampson también tiene marca ganadora, sólo que con menos salidas. Así las cosas, el rendimiento de Roy Oswalt parece más identificado con las dudas sobre su despliegue físico que por el peso de sus indicadores. Eso y la salida de Chacón son cuestiones que se toman en cuenta en estos momentos.

Por cuanto a la llegada de Randy Wolf desde los Padres de San Diego, pues se puede decir que nunca se negaría uno a contratar un buen abridor probado con otro equipo. La cuestión con Wolf es que, independientemente de si lo conoció bien con los Filis el Gerente General Ed Wade, si no trae números positivos, de qué manera va a virar positivamente su trabajo para mejorar sustancialmente la marca negativa que trae desde un equipo que arrastra una de las peores marcas, los Padres. Cierto que los cambios siempre pueden generar ese plus o esa circunstancia que haga al pelotero sentirse cómodo, pero el caso de Wolf esperemos que no se parezca a tremendos fracasos como el de Jason Jennings o Woody Williams, que ya vimos en qué terminaron para la causa de Houston. Ojalá Wolf nos ponga locos de alegría a todos, incluidos sus hoy detractores.

Por supuesto que merece mención la fuerza que ha mostrado en lo general el bull pen, ojo eso de que “en general”, pues la labor de Doug Brocail ha sido dejándole el terreno a un José Valverde que ha sido otro después de esa racha horrorosa que tuvo después del comienzo de temporada. Ya se les fue el hoy Marinero de Seattle Óscar Villarreal, pero, merecen mención también Geoff Geary, Wesley Wright y Tim Byrdak en ese cuerpo de relevistas que pueden dar perspectiva desde esa frontera que también resuelve juegos.

Por cuanto a la receptoría, podemos establecer sin ninguna duda, que es uno de los puntos que deberían representar la más alta prioridad a futuro. Si están los que están hoy, es una cosa, pero a partir de 2009 debes pensar en hacer de esa posición algo que cimbre al resto. Houston necesita resolver lo indispensable que viene siendo la mascota con un bat medianamente (al menos) consistente en aporte.

Dato interesante: Brad Ausmus ha jugado en 44 estadios de Grandes Ligas en su carrera, siendo el Nationals Park su última adición. Sólo le rebasan Chris Gómez (47), Gary Sheffield (47) y Ken Griffey Jr. (45) en esa larga lista.

Evitando caer en el espinoso asunto de los pronósticos, vislumbramos una etapa que debe ser de mucho aprendizaje para la oficina.

Siempre es agradable recordar que vale la pena ir al Minute Maid Park.